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La Coctelera

El mundo al revés

4 Julio 2007

Buscando en el baúl de los recuerdos II

Después de 141 días, me he incorporado de la baja. Fue el miércoles pasado (8, uno de mis números favoritos).
Mi día consiste en coche, rehabilitación, bus, metro, jornada interminable de teléfono, cañas y/o comida social (maravillosa, pero extenuante), más llamadas, quizá cañita rápida, metro, bus, english classes (just Mondays, Wednesdays & Fridays), coche y casa.
No existe mucha diferencia exteriormente con mi anterior vida (de momento existe este antes y después [mi operación]; es una de tantas etapas que tiene la vida). La gran diferencia es que estoy desafinada, estoy coja, coja y dolorida.

El dolor es muy subjetivo, cada uno lo padece de una manera, y desde luego tiene mucho que ver con la energía que dejamos que fluya en nuestro interior. Pero convivir con dolores continuos es una verdadera locura

Es vivir pendiente de mantener una sintonía interior tipo Charles Mingus cuando en realidad tu ansiedad y tu cabeza van a ritmo de un chunda chunda digno de Radikal o una de esas.
Estoy acostumbrada a un atroz ritmo de pensamiento. Se que para amoldarme de alguna manera a este mundo en el que no encajo debo bajar de marcha la máquina, debo tener paciencia y relajarme, respirar hondo y sonreír, pero a veces se quema la maquinaria, sencillamente se quema.

Son demasiadas cosas de las que estar pendiente.

Físicamente, no tirar de los dedos, sino de la articulación, para no sobrecargarlos.
Cuidarme el tendón tibial posterior, que aparte de estar sobrecargado de por sí, resulta que me lo rasgaron ligeramente en la operación (sí, confío en la medicina, pero tengo muy mala suerte con los médicos).
Masajearme la parte interior del pie, que está atrofiada y tengo por lo visto una orgía de músculos, tendones y demás pegados entre sí.
Por supuesto hidratarme la cicatriz de la operación y la de la quemadura con electroterapia (no es nada, sencillamente otro ejemplo más de mi mala suerte).
Apoyar todo el peso en el pie malo.
No meter el pie hacia dentro, no defenderlo.
No sacar la cadera.
Andar muy, muy despacito (Mingus style).
Llevar recta la espalda, que si no cargo los lumbares y las cervicales.
Ejercitar la pierna para potenciar los músculos y repartir la mitad de mi propio peso a lo largo de toda la pierna, no sólo de la cadera al pie.
Todo eso se traduce en perder buses, metros. Llegar tarde, tener que recuperar horas...
Obligar a la gente que se acople a mi ritmo, cosa que no imaginas lo que me cuesta (La gente se mira el ombligo, [ya no hablo sólo de ritmos de andar] y cuando me dan, me cuesta una barbaridad, por sentirme vulnerable, por desconfiar, por esperar más cuando me dan, o esperar lo que me han dado cuando no me lo dan. La gata flora, vamos).
Perder la noción del tiempo, reacoplar mis propios ritmos, en lo que antes tardaba 10 minutos, ahora tardo 20...

Mentalmente, es aguantar un dolor constante, más o menos intenso, pero constante, y eso hastía, agría el carácter. Y a la gente no le gusta la gente amargada, ni triste, ni desmotivada, y como quiero encajar, me adapto, y sonrío, y suavizo mi carácter y ¿qué recibo? Pues mucho apoyo y risas, pero en ciertos momentos mierdas que no me corresponden, pero las acepto por que así va el juego. A pesar de que mucha gente no acepte mis mierdas (quizá a veces yo tampoco se lo permito...) y yo tenga que comerme las suyas y las mias.
Aunque también hay gente que ni siquiera acepta mis alegrías, ni mis deferencias, y me tendría que dar igual, pero ves, a veces la maquinaria chirria.

Todo está en la mente.

No quiero ser una amargada de la vida, no quiero perder mi alegría, mi optimismo, mi fuerza. no quiero perder la ilusión, quiero seguir viendo al conejo gigante rosa con el que mantengo conversaciones surrealistas, y me echo unas risas. No quiero perder mi extremo alegre, no quiero quedarme en el lado oscuro de Itzi.

Quiero seguir siendo espontánea, verborréica y atolondrada. Con medida, sí, con cabeza, sí, pero no perder mi esencia.

Todo depende del cristal desde donde se miren las cosas.

En fin, menudo plastón te he soltado. Lo lamento, es mi blog y me lo follo cuando quiero.

servido por Gladys 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rumores de jabón

Rumores de jabón dijo

Pues si. Es una orgía de palabras, pero sienta bien leerte.

Yo estoy mejor que tú, porque leer sobre tu dolor pone los pelos de punta, pero pajas mentales nos hacemos todos, a ver si no el motivo de tener un blog (frikada donde las haya).

Así que partiendo del hecho de que nadie por aquí anda muy bien de la azotea y que cada uno escribimos lo que nos viene en gana sólo me queda darte ánimo (mucho!!) y alegrarme de verte por aquí. Espero que todo vaya como deseas (o incluso algo más rápido) y que ese pie te deje dentro de poco bailar al ritmo de las neuras.

Itzi, un placer pasar por aquí.
S2. Marta.

4 Julio 2007 | 12:42 PM

Rumores de jabón

Rumores de jabón dijo

Güeno vale... para un rato que saco y leer a los amigos voy y me encuentro a una perdida haciendo mudanzas. Prometo leer con cuidado cuando acabes, jejeje...

Y me llama cagraprisas!! A mi, que soy la tranquilidad personificada.
Pse!!

:D
:D
:D

Por estas cosas me mola La Coctelera!! (un poco de peloteo siempre viene bien)

4 Julio 2007 | 12:55 PM

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