Buscando en el baúl de los recuerdos...
Acabo de terminar el curso completo de Amadeus (sistema de reservas, avión, coches, hoteles, blablabla) y está claro que el tiempo libre me corroe, por no hablar del sentimiento de culpabilidad de tener un blog y no darle vidilla, cuando me paso la vida animando a los demás a que lo hagan con el suyo.
Te contaré la no breve historia de mi pie. Por supuesto NO seré objetiva.
Todo empezó en febrero de 2005, con un ligerito tropezón, muy glamouroso, muy digno, pero que me dejó unos dolores increíbles en el empeine. Ahí empezó la juerga de médicos, rehabilitaciones y más médicos.
Rematé la jugada con un tropezón en uno de mis garitos favoritos en Majadahonda (creo que el único que merece la pena), y esta vez sin absoluta pizca de glamour. Me esparramé por lo que parecían unas escaleras interminables, y sonó, créeme que sonó (no soy pequeñita que digamos), y el dolor fue inconmensurable. Estamos ya en enero de 2006.
Empecé a trabajar de nuevo, llevaba mucho en paro, y ahí comenzó mi cojera, los dolores y mis nuevos amigos los bultitos.
Después de mucha consulta y mucho pinrel al aire, resulta que el escafoides (empeine) se me había necrosado (deja de vascular y de nutrirse), a la vez se regeneraba por donde no tenía que regenerarse, con lo cual crecían esos tumorcitos o bultitos, rozaban los músculos y tendones y servidora veía las estrellas.
Me ofrecieron operarme después del verano, pero yo ya no soportaba los dolores, eso y la cojera repercutían en mi vida normal; así que el Lunes 19 de Junio de 2006 ingresé en el hospital.
Afortunadamente me pusieron epidural y me sedaron completamente, con lo cual yo no me enteré de mucho, los nervios del principio, la incompetividad de la anestesista (sólo me preguntaba, ¿pero qué tipo de sedación o de anestesia quieres? señora, explíqueme primero la diferencia y decídalo usted, que es la profesional, yo lo único que quiero es salir sana y enterarme de lo menos posible), los nervios de mi madre... la incertidumbre, el miedo, en fin, creo que te haces una idea.
Desperté con un entre divertido y molesto cosquilleo (no entro en detalles sexuales, pero la epidural tiene un nosequéqueseyo con las partes intimas muy curioso) según se me iba despertando el cuerpo.
Pronto llegó el dolor, un dolor insoportable (y mira que es difícil medir la intensidad del dolor, y más explicarlo).
Estaba totalmente drogada, sabía que había salido bien, que no habían surgido problemas, mi madre lo sabía, el médico lo sabía, pero... ¿qué venía ahora?
Nunca habría imaginado que tendría que pasar por todo lo que parece que ya estoy terminado de pasar. Efectivamente, ha pasado lo peor, pero nunca pensé que fuera tan duro. Y no sólo por el dolor.
En fin, estuve tres días flotando entre analgésicos, cortisona y antiinflamatorios. Viendo a las enfermeras rondar y danzar a mi alrededor, mi madre danzaba también, formando parte de esa surrealista ensoñación..
Por fin llega la primera cura.
La operación consistió en vaciar la parte necrosada del escafoides, quitar el cartílago que une escafoides (empeine) y astrágalo (tobillo) y unir ambos, con ayuda de dos grapitas de titanio ideales de la muerte. Quince grapitas exteriores y ríos de betadine. ¿es feo, verdad? (luego hablamos de ese tema).
En fin, dos meses de inmovilización, escayola al canto y mucha paciencia, hielo tres veces al día, y un sinfín de paranoias rondando en mi cabeza.
Vamos a ver, parte de la base de que uno de mis hobbies es rayarme, complicarme la existencia, retorcer hasta el hastío la realidad. Por lo tanto, con tanto tiempo libre, mi locura ha estado expuesta a límites insospechados. Créeme que desde esta linda jaula de cristal todo se magnifica tanto las necesidades como las neuras. Todo está distorsionado.
Mi vida social ha menguado brutalmente, antes de esto se basaba en mis acercamientos, nunca he querido molestar, obligar o atosigar a nadie, además de temer a horrores una negativa en determinados momentos. Así que ahora que mi vida social depende del exterior, se me fue al carajo.
La gente se cansa del monito de feria, te viene a ver una vez y adiós muy buenas, no cuentas nada interesante, estás medio deprimida y abarrotada de miedos y paranoias. La gente no quiere oír problemas, así que muchos cerraron la puerta tras de sí.
Pero también he de decir que hubo personas que me sorprendieron muy gratamente. Personas sin las que me hubiera sido imposible salir de ésta. Pueden contarse con la palma de una mano, pero son joyas, y prometo cuidarlas.
Volveré a mi abarrotada agenda social, pero espero cambiar mi enfoque, ver la gente tal y como es, no verla a través de mi filtro colmado de expectativas e ilusiones.
Maldita cabeza, me encantaría saber dónde leches tengo el botón de off.
El caso es que parece que ya veo luz al final del túnel. Pese a todo lo negativo, ya comienzo a ver el fin. Al principio era como tener una prolongación de mi pierna amorfa y atrofiada, pero es increíble la capacidad de recuperación del cuerpo humano (¡to, to, tópicos venid a mi!). Ahora ya está más visible, y, después de tres semanas de despellejamiento, tengo la piel del pie como si fuera la de un bebé. Nunca había visto un pie sin callo en la planta, está blandito, blandito, (no sabes el gustito que dan los mimos ahí, además así me hace sentir que tú también lo aceptas).
Tengo más movilidad, ya camino con muletas, y noto mejorías, lentas y suaves, pero continuas.
Todo depende de mi capacidad de dejar la cabeza un poco en stand by y dejar que el tiempo y mi tesón con la rehabilitación y los cuidados hagan efecto.
En teoría el martes que viene me quito una muleta, y en otras dos semanas andaré sin muletas, y después de otra semana (25oct), volveré a una (en teoría) vida normal, es decir, vuelta al trabajo al estrés del teléfono y la oficina, a una vida agobiante y a la vez desestresante, desestresante de mi misma. Estoy harta de escucharme tanto, del runrun continuo de cabeza, al eco de mis pensamientos.
Quiero reírme, quiero frivolidad, quiero sentirme útil, ayudar a los demás, por trabajo o por amistad, pero sentir que aporto algo a este mundo.
Estoy llena de miedos, en el terreno físico (¿cómo quedará mi pie? ¿seguiré coja? ¿será degenerativo?) y mental (¿seguiré siendo un bicho raro como antes? ¿seré peor aún? ¿cómo me irá en el curro? No quiero que mi estado físico afecte al curro; no quiero ser complaciente con ese curro, debería buscar uno que me aportara algo más, bien por horario, bien por pasta. Pero a la vez quiero ser paciente, despacito y buena letra...), incertidumbres y dudas.
Estoy hasta el moño de sensiblerías y ñoñerías. Nunca me he sentido tan vulnerable, dependiente e inestable.
En fin, como ves he volcado directamente todo el disco duro en un mismo post, creando un inmenso agujero negro, incoherente y deslavazado. Espero que aún así sigas volviendo.
Buff, he vomitado toda la experiencia, espero no haberte apabullado.
Iré mejorando mis maneras e iré escribiendo mejor. O no, pero seguiré intentándolo.
Gracias por tu tiempo.
